Tratamiento con Flores de Bach

La moderna medicina académica ha conseguido, sin ninguna duda, grandes y espectaculares éxitos en la lucha contra la enfermedad física. Sin embargo, no ha logrado reducir de modo esencial el sufrimiento psíquico de la persona; parece, incluso, que haya aumentado bajo las intervenciones masivas de los tratamientos químicos y técnicos, que por medio de una represión y una manipulación violenta acostumbran a desplazar desde el exterior hacia el interior este potencial patológico.

No resulta, pues, sorprendente que tenga hoy una difusión espectacular la «terapia de flores» desarrollada hace más de setenta años por el médico e investigador inglés Edward Bach, que tiene en cuenta sobre todo el elemento psíquico de la enfermedad.
No se interesa -o sólo de modo secundario- por los síntomas físicos del mal, sino que se dirige al cuadro psíquico básico o dominante; y no hace hincapié con sus métodos terapéuticos en la sintomatología física, sino en la psíquica. De este modo trata a las personas enfermas a través de su alma.

El doctor Bach tenía buenas razones en que basar esta idea tan inhabitual. En la búsqueda de una terapia que fuera especialmente digna del ser humano se encontró con un fenómeno, que por lo general pasa desapercibido en la medicina moderna: según la estructura de la personalidad y el estado psíquico del paciente, una misma enfermedad física puede ir acompañada de síntomas psíquicos diferentes por completo. Son éstos -por ejemplo la intranquilidad o la apatía, necesidad de consuelo o reserva, miedo ante la muerte o desearla, críticas o agradecimiento- los que confieren a una sintomatología física objetiva su importancia individual y relacionada con la personalidad.

A un enfermo se le puede describir, por ejemplo, de la siguiente manera: tiene tantos grados de temperatura, presenta una diarrea verdosa y una sudora-ción intensa, sus valores de laboratorio son tal y cual, aparece apático y está débil. Se puede dar también preferencia a la sintomatología psíquica sobre la física y comenzar del siguiente modo: su rostro muestra una expresión triste y atormentada, su voz es débil, sufre las consecuencia de una grave pérdida y da la impresión como si quisiera morir; o bien: se encuentra enormemente quejumbroso y necesitado de consuelo, se enfada si no se ocupa uno constante mente de él; está temeroso e intranquilo y, además, presenta fiebre, diarrea verdosa, etc.

Aunque los síntomas físicos se parecen, no se trata de la misma enfermedad ya que en el primer caso existe la tendencia a poner fin a la vida, debido a la grave pérdida, mientras que en el segundo de lo que se trata sobre todo es de atraer la atención. Es evidente que el tratamiento debe tomar en consideración este fondo de la enfermedad. Si se ignora el estado psíquico, solamente se trata una sintomatología impersonal, objetiva y en el fondo carente de sentido; pero si se hace caso de los signos psíquicos, entonces se comprende el sentido de la enfermedad y se puede ayudar al enfermo como un ser que sufre subjetivamente.

El doctor Bach ha interpretado la relación entre el estado psíquico y la enfermedad como un conflicto entre «personalidad» y «el yo superior», queriendo significar con ello por un lado la psique neurótica, traumatizada en la lucha por la vida, y por el otro lado, el auténtico núcleo intacto del ser humano. Opinaba con razón que la salud no puede recuperarse hasta que no se haya sanado la psique y se haya restaurado la unidad interior. Sobre esta idea básica -sólo que expresada de otra manera- se basa también la moderna medicina psicosomática. Sin embargo, mientras que ésta intenta resolver el conflicto principalmente mediante la concienciación o el cambio del acondicionamiento, la terapia de flores de Bach introduce sus 38 esencias florales, que se corresponden a trastornos psíquicos definidos con precisión, pudiendo reducirlos o eliminarlos de un modo que todavía no se ha explicado científicamente.

Este efecto puede incrementarse sustancialmente mediante un trabajo consciente sobre la propia «personalidad» enferma. Por ese motivo, se hace especial hincapié en este libro sobre las relaciones psicológicas profundas. Sucede a menudo que al ocuparse uno seriamente del trasfondo mental se rompen los nudos internos y se pone en marcha -incluso sin medicamentos- el proceso de curación, que más tarde es reforzado y estimulado por las esencias de flores adecuadas.

A pesar de los numerosos y sorprendentes éxitos, la terapia de flores de Bach tiene naturalmente también sus límites, pues la curación, lo mismo que la enfermedad, es por su esencia un suceso aleatorio que no podemos forzar. Sólo cuando el enfermo está decidido a curarse y se conjugan de modo ideal los factores adecuados -el momento, el estado psíquico, el terapeuta y la medicina- puede producirse esa curación. De ahí que unas veces sea conveniente este tratamiento y en distintas circunstancias otro. No existe una medicina universal patentada, ni puede haberla. Por esa razón, si no se consiguen los resultados deseados hay que mostrarse abierto hacia otros métodos de tratamiento; se puede combinar en especial con la homeopatía.

El punto fuerte de la terapia de flores radica en la normalización de los trastornos psíquicos y en la resolución de los conflictos internos, así como en la mejoría del dolor físico con causas psíquicas reconocibles o síntomas concomitantes. Los niños reaccionan especialmente bien. Las flores de Bach no sólo son adecuadas para el tratamiento armonizador psicofísico en enfermedades de todo tipo -en ocasiones de modo adicional al tratamiento médico-, sino también para cuidar la salud y llevar una vida sana, puesto que estabilizan y eliminan los puntos flojos de tipo psíquico.

Por ejemplo, el que siempre está excitado y agresivo con acebo, el intranquilo y nervioso con impaciencia, el que tiene una necesidad enfermiza de valoración con brezo, el temeroso con mímulo o el depresivo con mostaza silvestre tendrán menos dificultades, o incluso ninguna, y no sólo en el aspecto psíquico sino también en el físico.

Pero lo esencial es: no toda peculiaridad psíquica es enfermiza o requiere tratamiento. Puede ser también un componente esencial de la personalidad y constituir la originalidad de esa persona. Sólo cuando se sufre con ella -ya sea en forma de conflictos interiores, frustraciones, depresiones o autorrechazo, o bien al tener dificultades con el entorno- hará falta un tratamiento.

Referencia:Blome, G. El nuevo manual de la curación por las Flores de Bach. Ed. Robin Book (Barcelona)

Xavier Oñate Pujol

Psicólogo Gral. Sanitario. Especialista en Psicoterapia.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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