Sobre la manipulación i el chantaje emocional

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La manipulación es un recurso para salir de situaciones difíciles, que emplea quien es más débil o está en una posición más frágil o vulnerable.

¿Es lo mismo la manipulación que el chantaje emocional, el acoso moral o el tan llamado mobbing? No, pero casi. Todas son formas de abuso interpersonal. Podemos decir que hay un continuo entre todas estas formas de abuso.

Al principio podemos encontrar la manipulación como algo sutil, a veces incluso imperceptible, basado en el deseo de salir adelante con su a costa de otro. Cuando la manipulación es insuficiente se recurre al chantaje emocional: Hacer sentir al prójimo miedo, culpa o vergüenza, y ejercer un grado variable de poder sobre esa persona. Si el chantaje tampoco funciona, empieza a plantearse la posibilidad de emplear la agresión física. El acoso moral, especialmente cuando se ejerce en el medio laboral (mobbing) supone un grado elevado de poder por parte de la persona que la ejerce.

Es, especialmente en el plano de la conducta asertiva, que le lleva a emplear primero medios sutiles para conseguir que los demás hagan lo que él quiere, y después cada vez más agresivos hasta llegar a la violencia pura (más emocional que física). Este individuo tiene un importante déficit de habilidades sociales.

Los manipuladores son lobos con piel de cordero ; parecen encantadores y sufridos, cuando en realidad son amenazadores e insensibles: emplean el miedo, la obligación y el sentimiento de culpa para lograr que hagas lo que ellos quieren en vez de lo que deseas. Ven a los demás como marionetas en sus manos y, cuando las personas no responden a los hilos invisibles que ellos mueven, pasan a las amenazas.

Sus intimidaciones adoptan diferentes formas, pero en el fondo todas significan lo mismo: "sufrirás si no te comportas como quiero". Cuando haces lo que ellos quieren te rodean con una reconfortante intimidad paternal o maternal. Cuando no lo consiguen apelan a sus tácticas. Para escapar de su extorsión emotiva y no volver a caer en una emboscada, hay que entender cómo funciona la manipulación, enfrentarse a ella y definir estrategias para cada situación. El manipulador utiliza el miedo, la obligación y la culpa como instrumentos para obligarnos a ceder: nos hacen temer las consecuencias de no dar el brazo a torcer a sus deseos, sentirnos obligados a satisfacerlos o que sentiremos remordimiento si no claudican.

En el fondo, todo es lo mismo: Inseguridad del manipulador, que emplea técnicas para resolver sus problemas basadas en la agresividad activa o pasiva. Este individuo tiene un importante déficit de habilidades sociales, especialmente en el plano de la conducta asertiva, que le lleva a emplear primero medios sutiles para conseguir que los demás hagan lo que él quiere, y después se ponen cada vez más agresivos hasta quizás llegar a la violencia pura y dura. Hay que tener en cuenta la diferencia entre un psicópata, la conducta manipuladora del cual es, por decirlo de alguna manera, "innata", y una persona que tiene empatía pero que ha recibido muchos golpes y que, a fin de ocultar - lo y "sobrevivir", ha devenido un manipulador. Es una diferencia que a simple vista puede parecer sutil, pero que explica por qué algunas personas pueden dejar de manipular y de otros no. La manipulación es lo más denigrante para la persona humana.

¿Quien manipula? Toda persona que utilice los otros para conseguir sus deseos, es un manipulador. Los manipuladores cotidianos son esas personas que pasan por nuestra vida imponiendo su visión del mundo y su forma de hacer y sentir. Estos individuos que se aprovechan de una relación estrecha y afectuosa para satisfacer sus necesidades, sin importarle en absoluto los sentimientos de la otra persona.

No es necesario recordar que la capacidad de manipular la tenemos todos. En mayor o menor medida, todos hemos empleado en más de una ocasión estas estrategias, especialmente en la infancia. Pero cuando estas técnicas se convierten en la forma predominante de relacionarse con las otras personas, cuando uno acaba preguntándose si aquello es una relación de pareja o de amistad, o simplemente un intercambio comercial, seguramente sea más que una estrategia pasajera.

Es en este momento cuando uno se pregunta si la persona en cuestión manipula causa de heridas pasadas y carencias afectivas (en este caso, estará manipulando inconscientemente y sin la intención de causar daño) o si lo hace porque disfruta del sufrimiento ajeno y no tiene intención de modificar su conducta. En el primer caso, si así lo decide, con un tratamiento y mucho esfuerzo personal, podrá reducir el grado de manipulación. En el segundo, mejor salir corriendo y ¡dejar de lado la ilusión de que algún día cambiará!

¿Qué les pasa a las personas que utilizan de forma patológica la manipulación? Tienen una historia de aprendizaje emocional deficitaria: Según diferentes estudios ellos o sus padres pueden haber sufrido malos tratos físicos, psíquicos o abandono precoz, sea físico o emocional. Quizás perdieron a la madre demasiado pronto (o esto sucedió en dos generaciones anteriores), o quizás uno de sus padres tenía un trastorno grave de personalidad, o sufrieron otras experiencias traumáticas. Quizás simplemente fueran este hijo o hija a la que sus padres nunca hicieron demasiado caso, oa quien cargar con responsabilidades antes de tiempo.

Cuando intentas hablar de emociones con ellos tienes una sensación como "de vacío". Aunque socialmente parezcan encantadores, o al menos educados, si los sacas de los tópicos no saben hablar de sentimientos positivos, porque en su infancia, o bien no hubo nadie que pudiera enseñarles, o lo único que pudieron adquirir va ser miedo, un miedo visceral y atroz que los consume por dentro. Por supuesto, lo negarán y proyectarán.

No es que no hayan tenido historia de aprendizaje: La vida pasa por igual para todos. Lo que pasa es que nadie les ha enseñado valores como la tolerancia, el respeto al otro o el amor no comercial.
 
Les falta confianza en ellos mismos. Aparentan una autoestima de la que carecen. Son personas muy inseguras. Se sienten incómodos en todo tipo de relaciones, así que proyectan en los demás esa inseguridad y la compensan intentando hacer ver que sólo ellos son los que tienen la verdad. Esto es cierto en los casos de narcisismo, pero no de psicopatía. Un apunte es que el psicópata sí tiene una alta autoestima. Algunos expertos afirman que el sentimiento de inseguridad de los psicópatas surge del hecho de que saben que son diferentes del resto de las personas, y que tienen miedo de ser descubiertos. Pero esto no implica en lo más mínimo que se sientan inferiores.

Volviendo a la manipulación, muestran intolerancia, dogmatismo, crítica destructiva e incluso agresividad física y verbal cuando su posición parece verse amenazada. Y también un deseo casi compulsivo de enterarse de todo para que la situación no se les escape de su control.

Sienten miedo ante la evaluación social. Necesitan dar una buena imagen. La inseguridad les lleva a ser bastante temerosos en sus relaciones sociales. Aunque aparenten todo lo contrario, tienen un miedo atroz a la evaluación y se ponen nerviosísimos cuando se encuentran en un medio social amplio y puede ser descubierto su carácter manipulador. Temen al ridículo, y cambian por completo cuando están rodeados de otras personas, al menos al principio. Después evitan activamente estas situaciones, y para justificar enfadan por cualquier cosa cuando se encuentran en una de ellas y juran no volver más, o bien vuelven a utilizar su proyección favorita y se dedican a criticar constantemente los errores que cometen sus personas significativas.

Fuente: Psicopatía-Narcisismo

Xavier Oñate Pujol

Psicólogo Gral. Sanitario. Especialista en Psicoterapia.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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