Ser víctima de un perverso narcisista

Los pequeños actos perversos son tan cotidianos que parecen normales. Empiezan con una sencilla falta de respeto, con una pequeña mentira o sutil manipulación. Pero sólo los encontramos insoportables si nos afectan directamente. Luego, si el grupo social en el que aparecen (família, compañeros de trabajo...) no reacciona, estos actos se transforman progresivamente en verdaderas conductas perversas que tienen graves consecuencias para la salud psicológica de las víctimas. Al no tener la seguridad de que serán comprendidas, las víctimas callan y sufren en silencio.



Cualquier persona ha manipulado alguna vez a alguien con el objetivo de obtener un beneficio. Casi todo el mundo, en mayor o menor grado, tiene rasgos egocéntricos, necesidad de ser admirado o intolerancia a las críticas. No son rasgos patológicos. La perversidad, en cambio, implica una estrategia de utilización del otro y luego una estrategia de destrucción del otro, sin que se produzca ningún sentimiento de culpa. Y es la falta de culpa y arrepentimiento lo que distingue un "narcisista perverso" del resto de personas.



¿Cómo puede estar con la conciencia tranquila, no tener arrepentimiento ni sentimiento de culpabilidad un manipulador, chantajista, coaccionador y mentiroso? Pues cargando la culpa en los demás, es decir, mediante el mecanismo psicológico de la proyección. 

La proyección, a grandes rasgos, consiste en atribuir a otra persona, los propios sentimientos, emociones, deseos o fantasías. En palabras de Fritz Perls, es "la tendencia a hacer responsable al ambiente de lo que se origina en uno mismo. [...] El proyector le hace a los demás lo que él acusa a los demás de hacerle a él." Así, lo que uno lleva dentro, lo proyecta (y atribuye) en el otro, acusándolo, de la situación de conflicto en que se encuentran o de la maldad sufrida. Cuando alguien acusa y juzga a otro de malo, se supone que ese alguien es bueno. De este modo uno queda exonerado de cargar con ninguna responsabilidad por lo que ha sucedido.



El no asumir la responsabilidad, no tener sentimiento de culpa ni de remordimientos es una característica muy peligrosa, porque permite actuar según el propio interés sin tener en cuenta el otro; es cuando "el fin justifica los medios".



El perverso narcisista es aquel tipo de persona de la que diríamos "Astuta parece, pero nunca me hubiera imaginado que fuera capaz de hacer eso". Hay que tener muy claro que son unos grandes seductores, se relacionan con la gente como la gente espera, no hacen mucho ruido, pueden parecer humildes, calmados, amistosos, tienen don de gentes... todo eso mientras les interese y nadie se interponga en su camino. Sólo las personas más atentas, observadoras y críticas pueden darse cuenta a tiempo de los mecanismos sutiles que utiliza un narcisista perverso.



Socialmente estan bien integrados. Son muy hábiles en la comunicación y en la percepción psicológica. En la comunicación utilizan frases ambiguas, inacabadas y contradictorias. Son unos artistas en el arte de la mentira, y saben utilizar los aspectos emocionales y sentimentales para generar fe y compasión a las personas que les interesan. Algunos rasgos son parecidos a los de los psicópatas.

 Que sean insensibles, fríos y con una gran falta de empatía, no significa que no capten sentimientos y emociones ajenas. De hecho, pueden percibir muy bien la psicología y las emociones de los demás, pero hacen un mal uso de ello, manipulando al otro en beneficio propio.



La psiquiatra y terapeuta familiar Marie-France Hirigoyen describe con gran claridad la estrategia del perverso narcisista. Primero seduce la víctima, logrando que dependa de él. Y luego la utiliza en beneficio propio, esto significa, privando a la víctima de libertad, dignidad y respeto. Lo hace con sutileza: menospreciando lo que hace, quitando importancia a sus necesidades, desacreditandola...



El gran drama de la víctima es que, cuando se da cuenta que está sometida por un narcisista perverso y empieza a rebelarse, el narcisista da un vuelco a la situación haciéndose pasar por la víctima y atribuye a la víctima real el papel de agresor. Esto provoca que la víctima, no sólo tenga que lidiar con una profunda decepción por el hecho de descubrir que ha sido utilizada, sino también con una gran soledad porque su entorno (familia, amistades ...), si no es consciente de la situación, no le dan apoyo. Y es que la violencia de un perverso es subterránea.



Precisamente es el arte de la manipulación y el engaño, lo que permite al perverso narcisista hacer creer a su entorno (compañeros de trabajo, familia, amistades ...) que la víctima es él, por lo que ha pasado después de que el agredido se haya rebelado. Mienten mucho, pero a diferencia de los mitómanos o los mentirosos patológicos, cuando los perversos están siendo descubiertos hacen todo lo posible para darle la vuelta a la situación, girar la tortilla: o bien niegan el engaño hasta convencer a su interlocutor o se justificarán sin ningún tipo de escrúpulo.



El perverso intenta que su víctima actúe contra él para poder acusarla de “malvada”. Lo importante para él es que la víctima parezca responsable de lo que le ocurre. El agresor utiliza una debilidad de su víctima -una tendencia depresiva, histérica o caracterial- para caricaturizarla y conseguir que ella misma se desacredite. Hacer caer al otro en el error permite criticarlo o rebajarlo, pero, sobre todo, se le proporciona una mala imagen de sí mismo y se refuerza su culpabilidad.



<<Frente a quien lo paraliza todo, la víctima se siente acorralada y en la obligación de actuar. Pero, obstaculizada por el dominio al que está sometida, sólo puede hacerlo mediante un arranque violento en busca de su libertad. Un observador externo considerará como patológica cualquier acción impulsiva, sobre todo si es violenta. El que responde a la provocación aparece como el responsable de la crisis. Para el perverso, es culpable, y para los observadores externos, parece que sea el agresor. Lo que éstos no ven es que la víctima se encuentra acorralada en una posición en la que ya no puede respetar un modus vivendi que para ella es una trampa. Tropieza con un doble obstáculo y, haga lo que haga, no puede salirse con la suya. Si reacciona, aparece como la generadora del conflicto. Si no reacciona, permite que la destrucción mortífera continúe.>>



Este problema se agrava si no tenemos en cuenta que son individuos que se colocan en una posición de patrón de referencia del bien y el mal y de la verdad. A menudo se les atribuye un aire moralizador, superior y distante. Exhiben unos valores morales irreprochables con los que dan el pego y dan una buena imagen de sí mismos. Y denuncian la malicia humana. El ejemplo lo tenemos en algunos políticos y banqueros, que son capaces de haberse puesto en la boca expresiones como "tener valores", "hacer un camino unidos por nuestro bien", "mirar por la hermandad y solidaridad", cuando después salen a la luz los engaños, estafas y juego sucio cometidos en su pasado.



Defenderse de un perverso no pasa por utilizar las mismas estrategia que él. Si se está en la posición de víctima, es que se es la menos perversa de los dos; y aquí gana el más fuerte. El único recurso recomendable es la ley.



Tampoco es recomendable sentir compasión por ellos, porqué la utilizan para coger fuerza y continuar con sus estrategias de aplastar al prójimo. Para las personas sensibles, empáticas y leales no es fácil dejar de compadecerse, ya que tienen suficiente sensibilidad como para darse cuenta de que lo que hay dentro de un narcisista perverso es vacío y miseria interior. Son hijos/as de familias mal estructuradas o de padres que no han sabido dar el afecto, la empatía y el amor genuino que necesitaron cuando eran niños.



Un perverso narcisista sólo puede empezar a curarse cuando mira de frente su sufrimiento interior y lo sostiene. Hirigoyen lo explica con las siguientes palabras: <<La perversión narcisista es un arreglo que permite evitar la angustia al proyectar todo lo que es malo sobre el exterior. Es una defensa contra la  desintegración psíquica. Cuando atacan al otro, los perversos pretenden, sobre todo, protegerse. Donde podría aparecer la culpabilidad, nace una angustia psicótica insoportable que se proyecta con violencia sobre el chivo expiatorio (la víctima). Éste último es el receptáculo de todo aquello que su agresor no puede soportar. [...] Si los perversos narcisistas se dieran cuenta de su sufrimiento, algo nuevo empezaría para ellos. Se trataría de algo distinto que supondría el final de su funcionamiento anterior. >>



No sólo necesitan darse cuenta de su sufrimiento, sino sobre todo necesitan responsabilizarse de él, hacerse cargo, sostenerlo evitando culpar a los demás (padres, familia, circunstancias del pasado…) para poder, así, transformarlo y llenarse de lo que tanto les falta: la felicidad interior.



© Xavier Oñate Pujol 2014

 

Referencias:


Hirigoyen, Marie-France. El Acoso Moral. Ed. Paidós. 1999


Perls, Fritz, El Enfoque Gestalt y Testigos de Terapia. Ed. Cuatro Vientos. 2013

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Xavier Oñate Pujol

Psicólogo especialista en Adultos y Pareja.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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