Relación entre Inteligencia emocional y Empatía

La Inteligencia Emocional tiene una vertiente intrapersonal, que incluye: la percepción y expresión adecuada de las propias emociones, la conciencia y comprensión emocional y la autorregulación de las emociones, y otra vertiente interpersonal que supone percibir adecuadamente la expresión emocional de los demás, saber si mienten o no, relacionarse adecuadamente con los demás (habilidades sociales) teniendo en cuenta cómo piensan y se sienten (empatía).

Precisamente a esta última, la empatía, la Doctora en psicología Juani Mesa Expósito dedica este artículo; a conocer sus características y su papel dentro de la inteligencia emocional, así como sus implicaciones en  el ajuste emocional y social.

En general, se considera que la empatía tiene fundamentalmente dos aspectos: uno cognitivo y otro emocional.

La empatía cognitiva (o toma de perspectiva), es la capacidad de ponernos en el lugar de otra persona: de comprenderla. Esta capacidad se aplica a las relaciones reales y también a las no reales (fantasía) como cuando vemos películas, leemos una novela, etc. y nos identificamos con los personajes.

La empatía emocional o simpatía (o preocupación empática) es la capacidad de sintonizar con los sentimientos o preocupaciones de la otra persona. Eso puede generar sentimientos de preocupación y tristeza ante la necesidad de la otra persona. Pero también de alegría y entusiasmo ante lo que se nos está contando.

La empatía no se encuentra en una parte determinada ni especializada del cerebro, sino en todas y las responsables son las neuronas espejo. El psicólogo y periodista Daniel Goleman por su parte, señala que la empatía forma parte de la Inteligencia Social  y que tiene dos elementos: la conciencia social (lo que sentimos sobre los demás) y la aptitud social (lo que hacemos con esa conciencia social). Dentro de  la conciencia social, se encuentra:

•          La Empatía primordial: sentir lo que sienten los demás (señales no verbales).
•          La Sintonía: escucha activa para conectar con el otro.
•          La Exactitud empática: comprender los pensamientos, sentimientos e intenciones de los demás.
•          La Cognición social: entender el funcionamiento social, es decir, leer y comprender adecuadamente las situaciones sociales para saber cómo actuar.
 
Respecto a la aptitud social, Goleman identifica:

•          La Sincronía: relacionarse fácilmente a nivel no-verbal.
•          La Presentación de uno mismo: saber presentarse a los demás.
•          La Influencia: dar forma adecuada a las interacciones sociales.
•          El Interés por los demás; interesarse por las necesidades de los demás y actuar en consecuencia.
 
Por otra parte y desde nuestra experiencia profesional creemos que existe un tercer elemento que da sentido y hace “visible” a la empatía, y es el comportamiento prosocial. Es decir, si al estar con alguien somos capaces de observar adecuadamente qué siente, cómo se siente y porqué se siente anímicamente así, la consecuencia a este razonamiento cognitivo y emocional es actuar. ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Cómo puedo ayudarte? El comportamiento prosocial supone compartir, colaborar, consolar y ofrecer ayuda a los demás.

Igual que la empatía, el comportamiento prosocial hay que enseñarlo, practicarlo  y reforzarlo desde la niñez. Y eso supone trabajar los valores que expresan ese movimiento interno que suscitó el comprender y sintonizar con la otra persona, si no, la empatía es algo pobre. Este es el planteamiento del psicólogo cognitivo Paul Bloom profesor de la Universidad de Yale y que entre otras cosas afirma que podemos tener más de la empatía cognitiva y poco de la emocional o al revés. O que incluso, estímulos externos pueden producir involuntariamente la empatía emocional. Bloom pone el acento en la importancia de educar los valores que deben acompañar a la empatía tanto cognitiva como la emocional, pues según sus investigaciones, nuestra empatía está sesgada.

Bloom afirma que se siente más fácilmente empatía por las personas atractivas y por aquellas con las que tenemos características comunes como la misma lengua,  el mismo origen étnico o nacionalidad. Además la empatía es “insensible” a las cifras y estadísticas, a los grupos grandes, a lo general y global, de ahí que la imagen de un niño europeo herido sea más efectiva (activa nuestra empatía con más facilidad), que ver un campo de refugiados de un millón de personas africanas.
Y de ahí también la importancia de darle más contenido a la empatía con los grandes valores universales: igualdad, fraternidad, justicia, libertad, respeto, compasión, etc. Bloom destaca la importancia de los aspectos cognitivos y cómo se expresan en el comportamiento, más incluso que los emocionales, pues según afirma podríamos terminar llorando con los demás, sintiendo su misma impotencia y sin hacer nada por ayudarles.
 

Artículo completo en PsiAra

Xavier Oñate Pujol

Psicólogo Gral. Sanitario. Especialista en Psicoterapia.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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