La experiencia de hacer las vacaciones en coche

La Thelma y Louise, en la película homónima, hacían vida mientras conducen. Iban improvisando cada minuto de sus vidas mientras hacían carretera. Y fueron responsables hasta el final de sus decisiones. Mejor que no contamos el final de la road movie dirigida por Ridley Scott en 1991, para no estropear a los que aún no lo han visto.

En cualquier caso, cada verano son muchos los que, de forma similar a la película, optan por su coche, moto o furgoneta para crear sus vacaciones sobre la marcha. La eleccion del tipo de vehículo no lleva implícita una forma de viajar, claro, pero conlleva, para muchos viajeros, el adopción de un modus vivendi provisional basado en la libertad, la improvisación y el romanticismo de la carretera.

"Son personas que apuestan por su libertad y autonomía, que se oponen a los viajes organizados, y los que, sobre todo, les gusta conducir", explica el psicólogo Xavier Oñate. De hecho, las personas que conducen muchos kilómetros "acaban entrando en comunión con el coche, la carretera y la naturaleza, hasta el punto que se convierten en una única unidad, tal como siempre se ha dicho de los artistas, o los budistas, hasta y todo ", dice Oñate.

Sea como sea, conducir a las vacaciones permite poder decidir hasta el último momento-o prácticamente-, lo que proporciona una "sensación de poder personal, porque en la vida diaria hay muchas cosas que nos vienen dadas", afirma el psicólogo . Además, hay otro factor: en el espacio cerrado y metálico del coche, se crea una intimidad enriquecedora entre el conductor y los acompañantes. "Eres tú con tus acompañantes y suficiente", dice Albert Aloma, gerente de las escuelas de conduccion segura del RACC.

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Vivir la naturaleza
Un Volvo 850, una familia y un destino: El Cabo Norte. El psicólogo Xavier Oñate era un adolescente de 16 años cuando se fue con sus padres y sus hermanas en el país nórdico en coche. Era el año 1993. Salieron de Barcelona y se detuvieron en todas partes: Noruega, Dinamarca, Suecia y diferentes poblaciones de Suiza como extra. Fueron 25 días y 14.000 kilómetros, viendo al volante su padre y su madre, que se iban combinando la conduccion.

La experiencia fue sobrecogedora para el Xavier: "Era como si tuvieran sim mas contacto con el paisaje; vivíamos la aventura". Si un día veían un camping, decidían quedarse a dormir. Si llovía y encontraban un hotelito, pues se quedaban. Los planes los decidían el momento. Todo iba adaptando a las necesidades que iban surgiendo por el camino.

Lo mejor de todo el viaje, recuerda Xavier, fue cuando la familia llegó al cabo Norte, donde no se hace nunca de noche, ni siquiera en plena madrugada. "Eran las tres de la madrugada y aún era de día, ya esa hora de la noche, después de haber contemplado bien el paisaje, nos dirigimos hacia un camping para dormir", hace memoria Oñate. Ahora ya adulto, Xavier está repitiendo la experiencia de los viajes en coche que vivió con sus padres, esta vez con sus hijos. De hecho, ya lo han empezado a hacer. Cuando el mayor tenía dos años y medio, y el pequeño solo seis meses, ya hicieron un viaje a Leon. "Claro que en todo momento respetamos las necesidades biológicas de un bebé de seis meses, pero el viaje le llevó muy bien. Y si se acostumbran desde pequeños, de grandes podremos emprender grandes aventuras ", afirma.

Artículo de la periodista Trinitat Gilbert publicado el 24-9-11 en el Diari Ara

Xavier Oñate Pujol

Psicólogo Gral. Sanitario. Especialista en Psicoterapia.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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