Frigidez, Anorgasmia y dolor durante el coito

Mary Cool (nombre inventado, pero el caso es real), ciudadana de los Estados Unidos, de 42 años, se consideraba totalmente «frígida». Evidencia: veinte años de matrimonio, jamás un orgasmo, una sexualidad limitada a algunos breves contactos por año —sí, por año— y decepcionantes; en el «mejor» de los casos, no experimentaba gran cosa; en los otros casos su vagina, de una sequedad sahariana, hacía el contacto desagradable para la pareja. En resumen, un verdadero caso de frigidez, aparentemente irremediable.

Otra desventura que, de hecho, ocultaba su ventura, es que sufría de incontinencia de orina. Cuando la presión en el vientre subía bruscamente, por ejemplo estornudando o tosiendo, ¡mojaba más sus bragas que su pañuelo! Lo mismo pasaba si levantaba un peso o corría. No es raro. Triste consuelo para ella enterarse de que una de cada dos mujeres conoce este problema en algún momento de la vida, sobre todo al aumentar la edad.

Después de siete años se hartó y pensó en hacerse operar, cuando una amiga le informó que el doctor Arnold Kegel, ginecólogo, evitaba la cirugía reeducando el músculo púbico. Arnold Kegel es también el inventor del «perineómetro», aparato compuesto de un cilindro de caucho acoplado a un manómetro. Si se coloca el cilindro en la vagina cuando la mujer contrae su vagina tan fuerte como puede, el manómetro indica cortésmente la presión obtenida, y más tarde los progresos.

La primera consulta reveló una atrofia de los músculos vaginales, muy distendidos: la aguja del manómetro se quedaba obstinadamente en el cero absoluto. Mary Cool ignoraba que se podían fortalecer esos músculos, pero después de sólo seis semanas de entrenamiento, la aguja del «perineómetro», subía ya a 12 mm Hg. Después de tres meses, la enuresis desapareció. En la última visita, midió 22 mm Hg en el manómetro y su musculatura vaginal estaba espesa y fuerte.

Ruborizada pero sonriente, Mary comentó al doctor cuándo lamentaba no haber sabido esto cuando tenía veinte años menos para poder controlar y fortalecer ese músculo. Le dijo también que ella y su mando tenían ahora más contactos por semana que antes en un año, es decir, varios. Y le confesó incluso haber experimentado —gran estreno— un orgasmo. ¡Imagínese!

Conclusión: a) nunca es demasiado tarde, y b) una mujer considerada frígida es de hecho una mujer sensual que se ignora. Es una lástima que tantas Mary Cool permanezcan de hielo por no enterarse…

En cuanto el doctor Kegel, con la seguridad que le otorgaban los resultados imprevistos y feliz de su tratamiento antienurético, publicó en 1951 un artículo dedicado a la función sexual, donde aconseja, ante todo, examinar los músculos vaginales de las supuestas frígidas, sobre todo el púbico. En algunos casos, estableció una relación directa entre la ausencia de sensaciones sexuales y la atrofia más o menos pronunciada de ese músculo. Y viceversa, comprobó que las mujeres sexualmente desarrolladas tienen, en general, una vagina musculosa, firme, elástica, que ignoran prácticamente la enuresis y que tienen muy pocos problemas ginecológicos.

Ahora está lista para practicar. Cierre los ojos para concentrarse mejor. Inspire profundamente, luego vacíe los pulmones a fondo, retenga la respiración y contraiga al máximo el músculo-hamaca hasta hacer vibrar todo el suelo pelviano. Bajo el dedo gordo de la mano derecha hay que sentir moverse el cóccix impulsado hacía adelante. La mano izquierda sentirá reaccionar la vulva, y el dedo gordo, insertado en la vagina, quedará apretado. En este estadio es normal contraer simultáneamente el músculo púbico, las nalgas y los esfínteres del ano: la disociación vendrá más tarde. Por el momento, lo esencial es fortalecer.

Cuando la retención del aliento deje de ser agradable, reinspire, luego relaje el suelo pelviano. Descanse durante dos o tres respiraciones normales, y después recomience (dosis media: cinco veces).

Este ejercicio puede hacerse también sentada en una silla, preferentemente tapizada para que haya un buen contacto entre la vulva y el asiento. Si no hay testigos molestos, coloque las manos como he indicado… En caso contrario, puede hacerse discretamente, pero sin las manos no se sigue tan bien el desarrollo de la práctica.

Referencia bibliográfica: Van Lysebeth, A. Tantra: el culto de lo Femenino. Ed. Urano. Barcelona 2001

Xavier Oñate Pujol

Psicólogo Gral. Sanitario. Especialista en Psicoterapia.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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