El impacto psicológico de la infertilidad

Un punto en el que parece haber gran consenso entre los estudiosos del impacto psicológico de la infertilidad es que el descubrimiento de la infertilidad supone una crisis importante en la vida de las personas implicadas (van Balen y Trimbos-Kemper, 1993). Cuando alguien quiere tener un hijo, el que se haga patente la incapacidad de lograrlo por el “procedimiento natural” que la humanidad ha seguido a lo largo de su existencia, en el momento de la vida que uno quiere, ha de producir sin duda una sorpresa y una cierta frustración.

La sorpresa proviene de estar ante una situación inesperada, puesto que existe en los humanos la creencia arraigada de que “la procreación es un proceso voluntario”, que cualquier persona puede alcanzar con la sola condición de realizar frecuentes interacciones coitales. Además, esta creencia se ha de ver fortalecida indirectamente por el hecho de que las sociedades desarrollan ingentes esfuerzos en relación con el control de los embarazos no deseados, que deja la idea latente de que el embarazo ocurrirá si no se ponen medios que lo impidan. En la población general, excepto pacientes con determinadas dolencias previas relacionadas con la reproducción, no se anticipa de uno mismo la condición de infértil; la capacidad de procrear se presupone.

A su vez, la constatación del fracaso en tener un hijo no sólo ha de provocar una frustración por el no cumplimiento del deseo y las expectativas de paternidad, sino que también supone una alteración, al menos temporal, del plan de vida que se tenía trazado, y de alguna manera supone un desafío a ese proyecto de vida. Esta frustración por la alteración del plan de vida habrá de ser más importante en dos tipos opuestos de plan de vida: el que tenía programado la paternidad en edad joven (tener hijos cuando se tiene vitalidad, para dedicarles los mejores años de uno mismo), y el que programaba la paternidad como culminación de un desarrollo personal (tener hijos cuando se alcanza una madurez personal y profesional). En ambos casos, el factor tiempo será una variable que pondrá en serio riesgo el logro del objetivo del plan de vida.

Por todas estas cuestiones, parece natural que quienes se ven sorprendidos por la situación de infertilidad se encuentren confundidos y experimenten, al menos, una sensación de desconcierto, puesto que han de asimilar todo lo que les está ocurriendo y posicionarse ante las nuevas y distintas condiciones de su situación. Este proceso obliga a un replanteamiento del plan de vida y a una toma de decisiones importantes sobre el mismo: seguir intentándolo por sus propios medios, renunciar a tener hijos, intentar la ayuda de la reproducción asistida, adoptar, acoger...

Ahora bien, esta crisis, que se puede valorar como importante en la vida de una persona, en cuanto que le enfrenta consigo mismo al replantearse valores y decisiones vitales que no siempre habían estado explicitados anteriormente, no tendrá por qué convertirse necesariamente en una crisis vital grave. Si bien autores como Menning (1980), Forrest y Gilbert (1992) y Lalos (1999) informan que muchos individuos infértiles sufren una crisis existencial crónica, cabe suponer que el elemento mantenedor de esta crisis será la frustración continuada de un alto deseo de paternidad biológica.

Un dato nuevo, que sólo ha podido aparecer gracias a la realización de estudios longitudinales sobre los tratamientos de reproducción asistida que han terminado en fracaso, es que las personas que experimentan esta crisis crónica por “no tener hijos” no sólo la ven reavivada a lo largo de su ciclo vital con algunos sucesos de su vida que les trae a primer plano la “ausencia de paternidad” (Carter y McGoldrick, 1999), sino que de modo específico cobra fuerza cuando estos individuos llegan a la etapa en la que esperarían “ser abuelos” (Wirtberg, Möller, Hogström, Tronstad y Lalos, 2007). Así, se puede reproducir el proceso y comenzar otra vez de nuevo el fenómeno en forma de frustación por no tener nietos.

Artículo original de L.M. Llavona Uribelarrea en Papeles del Psicólogo vol.29 2008 www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1127.pdf

Xavier Oñate Pujol

Psicólogo Gral. Sanitario. Especialista en Psicoterapia.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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