Dialogar con un perverso narcisista

Es picar piedra; y lo más probable es darse con el martillo en los dedos porque el Perverso narcisista sólo escucha lo que le interesa y, de una forma enfermiza, necesita que la Víctima pase por el aro y le dé la razón. La Víctima suele necesitar, también de una forma casi obsesiva, que el NP comprenda su punto de vista, la escuche y sobre todo que la reconozca como persona, convirtiendo el asunto en una cuestión de dignidad personal.

A la Víctima le cuesta comprender que el Perverso narcisista sólo ve lo que quiere ver. Cualquier situación que suponga perder la imagen ideal que tiene de sí mismo o de lo que ambiciona, pondrá al PN a la defensiva y le hará negar cualquier otra realidad que no sea la suya. Y si la Víctima se entesta en ser escuchada -cosa natural y comprensible en una persona que desea mantener sana su autoestima- el conflicto está servido. La base de esta situación es que hay un fuerte vínculo (familiar, laboral, de pareja…) entre los dos. Si no hubiese vínculo, la Víctima ya habría enviado a tomar viento al manipulador tiempo atrás. El Narcisista perverso, al ser herido su orgullo y necesitar sentirse superior, atacará a la Víctima haciendo todo lo posible para rebajarla, desestabilizándola y atacando directamente a su autoestima.

El Perverso narcisista ignora toda realidad que no le interese. Sí, es un tema de ego. Y la Víctima intenta desesperadamente que el perverso escuche y reconozca su realidad, algo así como para reforzar su autoestima. Y sí, también es una cuestión de ego. El Perverso narcisista ignora, ningunea, niega o menosprecia la realidad (opinión, punto de vista, hechos constatables…) de la Víctima; y la Víctima necesita, urge y anhela que el perverso reconozca su punto de vista y le de un lugar en la relación. Suele suceder que el anhelo de la víctima es que el otro diga “sí, me he equivocado, lo he hecho mal, te he engañado, te he hecho daño y te dejo en paz, etc.”

¿Pero cómo va a hacer eso una persona que en su autoimagen es perfecto, inmaculado y sin culpa? Es imposible! Su responsabilidad y su culpa la tienen que colocar en un lugar distinto a ellos. Aceptar plenamente su culpa le implicaría asumir que no es lo que cree que es, esto es, buena persona, con valores y con principios (y que sólo ataca para defenderse de los villanos que les rodean). Aceptar su responsabilidad le supondría aceptar que también es un malintencionado, ególatra, que sufre de codicia, avaricia, que miente para salirse con la suya… resumiendo, que es inseguro y que tiene miedo. Y no puede ni quiere. Y si su víctima saca sus contradicciones a la luz, la atacará sin hacer mucho ruido, procurando no dejar rastro ni pruebas.

¿Y cómo maltrata sin dejar rastro? Con el acoso y maltrato psicológico, que al principio pasa desapercibido: comentarios sutilmente despectivos (i.e. No voy a tolerar que me continue ladrando por el simple hecho de decirle que no me gusta su trabajo), dar la vuelta a la tortilla de quien es el pérfido (i.e. el chico que descubre en un chat de su pareja que se entiende con otro, y la pareja le suelta un “Qué malévolo que eres que has mirado mi chat sin mi consentimiento!”), la colocación de toda la responsabilidad del conflicto en la víctima (“Qué has hecho tu para llegar a este nivel de conflicto con tu compañera?” y su respuesta es “Yo, nada!”), y la utilización de lenguaje paradójico (i.e. Te amo con locura, pero para continuar la relación tienes que cambiar), entre otros recursos.

Es importante recordar que los Perverso narcisista son personas que se engañan a sí mismas, se autoconvencen de sus argumentos, y por eso son tan buenos engañando y convenciendo a los demás. Sólo se puede descubrirlos confrontando sus contradicciones en el momento o contrastando sus palabras con los hechos (documentos, actas, e-mails…), así como estando muy atentos al tipo de lenguaje que utilizan. Aún así, las consecuencias de esta confrontación suele ser su agresividad (casi nunca física, casi siempre con acoso moral). Uno de sus objetivos es desestabilizar a sus víctimas a través de la comunicación. En la literatura sobre los Perverso narcisistas y otros manipuladores (M.F Hirigoyen, J.C. Vicente Casado…) se suele afirmar que tienden a impedir o negar la interlocución con la víctima para generarle más presión. En estos casos la recomendación está en impedir que la comunicación se corte, con comunicación asertiva, por ejemplo.

Y también los hay que se escudan en el “diálogo” para desestabilizar a las víctimas y su entorno. Sucede cuando la víctima posee algo que el acosador desea intensamente y le interesa mantener el contacto. Éste no niega la comunicación, sino al contrario, fomenta los encuentros con la Víctima, sobretodo cuando sabe que ésta no tiene ni el conocimiento técnico, ni la labia, ni el temple para debatir con él. Esta supuesta buena voluntad de “diálogo” es, para la Víctima, una trampa: Si accede a ese “diálogo” y está debilitada, será presionada por una gota malaya, hasta que deje de resistirse y ceda a los deseos, punto de vista y voluntad del Perverso narcisista. Si la Víctima accede a ese “diálogo” estando fuerte y poniendo límites firmes, será provocada e irritada hasta que acabe explotando de indignación, se mantenga firme e inamovible en su punto de vista, o ponga el caso en manos de un abogado, con lo que el Perverso narcisista obtiene la justificación perfecta para presentarse como víctima de la ira, de la negación de diálogo (que en realidad es finalizar un monólogo encubierto) o de la mala voluntad de la Víctima real.

Cuando los intereses de un Perverso narcisista y su interlocutor convergen, la perversión no se manifiesta, al contrario, el primero es un personaje encantador que le encanta que lo adulen. Si divergen o se oponen, es cuando aparecen los problemas. La protección más eficaz contra este conflicto es evitar aumentarlo alejándose de esta persona, manteniendo firmemente los límites y no reaccionar jamás. Pero esta solución no se suele poder llevar a la práctica porque el Perverso narcisista ya se ha encargado de que el vínculo entre él y su víctima sea muy estrecho (a través de la afectividad, de lo económico, etc.).

Otra buena solución es la comunicación asertiva, con la que se puede parar los pies a los intentos de manipulación y chantaje, reafirmarse en la propia verdad respetando al manipulador y sobretodo respetándose a uno mismo. Pero en los casos más graves no es viable por la complejidad de la situación. Si la víctima ha sido sometida a un acoso prolongado y está muy debilitada, difícilmente tendrá tiempo ni energía para aprender a gestionar las manipulaciones sin escrúpulos de un Perverso narcisista en fase activa. En este caso lo más recomendable es delegar en un profesional el contacto con el acosador y fortalecer los puntos de apoyo emocional con personas sensibilizadas.

Dialogar implica que cuando una parte expresa, la otra escucha y viceversa. Un Perverso narcisista sólo escucha lo que le interesa; el resto no existe. Y evidentemente no le interesa escuchar a una persona que le dice y le muestra lo que no quiere escuchar ni ver. Es más, la intenta empequeñecer para callarla y salirse con la suya, sentirse superior o para vengar su orgullo herido.

La Víctima, dado el vínculo que tiene con el acosador, necesita ser escuchada como ella misma escucha al manipulador (suele tener cierta dependencia del acosador, dificultándole aceptar que no la quiera o acepte). Iñaki Piñuel, autor de “Mobbing. Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo”, destaca que las personas más proclives a sufrir acoso son altamente empáticas. Una persona con empatía es aquella que sabe “leer” emocionalmente a otra persona, sabe escuchar a los demás, comprender sus motivos y preocupaciones.

Aunque el Perverso narcisista también sabe “leer” emocionalmente a la otra persona, es incapaz de escucharla, de ponerse en su piel ni “solidarizarse” con su dolor. Al contrario, utiliza esa “sensitividad emocional” para aprovecharse de su víctima, sojuzgarla y humillarla. Nos encontramos aquí con dos personas que saben hablar, pero sólo una sabe escuchar (con el corazón). En esta situación, el diálogo honesto y el entendimiento mutuo, por muy buenas palabras que hayan, es imposible.

Sólo cuando la Víctima empieza a asumir que el Perverso narcisista sólo busca su propio beneficio y no le va a dar lo que necesita (a menos que la víctima pase por su aro), empezará a dejar de ser víctima. Si es tu caso, como persona empezarás a dejar de justificarte, de pretender que te comprenda, de desesperarte por su falta de empatía, sus mentiras y sus chantajes; podrás comenzar a darte cuenta que no lo necesitas tanto como creías (a él o lo que te había dado: afecto, trabajo, seguridad, amor…) y a aceptar que sólo te tienes a ti misma/o; empezarás a respetarte y hacerte respetar, a asumir que pierdes un ideal pero te ganas a ti misma/o. Cuando aceptas que pierdes una persona que en su día te prometió el Edén, empiezas a recuperar la persona más importante para que puedas vivir la Vida: tu misma/o.

© Xavier Oñate Pujol Mayo 2016

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Xavier Oñate Pujol

Psicólogo especialista en Adultos y Pareja.
Consultas en Granollers y Barcelona
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