Consciencia y sufrimiento humano

El Espai del Despertar ha abordado, desde sus inicios, la cuestión de la Consciencia. De hecho, tanto en las charlas como en los talleres, el principal objetivo es el de dirigir a las personas hacia el despertar de la Consciencia y hacia la expansión de ésta.

El concepto de ‘consciencia’ no debe sonar como algo abstracto ni ajeno a lo que es humano. De hecho, es justamente la capacidad de tener consciencia la que nos hace humanos. La mente humana tiene la capacidad de darse cuenta del sí mismo, de los demás y de su entorno. Este darse cuenta voluntario, el prestar atención y la voluntad de pensar es la consciencia de la que tantas veces hablamos.

La persona es cuando se da cuenta de sí misma: de sus emociones, actitudes, comportamientos, de los motivos que la empujan a actuar de un modo determinado, etc. ¿Qué ocurre cuando uno no se da cuenta de sí mismo? ¿Es que entonces no es? Ocurre que la persona vive en un estado de desdoblamiento y de enajenación; entonces se dice que no se vive desde lo que se es. En este estado de enajenación, la persona se siente viviendo automáticamente, como empujada por motivos totalmente ajenos al sí mismo. Inevitablemente, este estado de enajenación conlleva sufrimiento, insatisfacción, confusión… Pero uno debe seguir viviendo, y si la persona no se decide a dar un giro radical, empezará a construir un muro alrededor suyo con tal de protegerse de su propio sufrimiento. Al cabo de algún tiempo, su vida se erguirá sobre el autoengaño, porque la persona es deshonesta consigo misma, intenta rehuir y reprimir el dolor que siente – aunque éste siempre puja por salir a la superficie- y lo hace a costa de autoengañarse.

Se percibe mucha insatisfacción vital hoy en día, insatisfacción que en lo cotidiano se traduce en consumismo, sentimiento de vacío, relaciones conflictivas, fobias, miedo psicológico – a la soledad, a la vejez, a las relaciones, a la enfermedad, etc. -, inseguridad, etc.

Este vivir en el autoengaño hace que la persona perciba la realidad de una forma deformada: parece que la gente se le vuelva en contra, el mundo es percibido de una forma pesimista… Y el sufrimiento se fortalece.

Ser implica tener la voluntad de pensar. Para entendernos, se podría decir que hay dos formas de pensar: la primera consiste en pensar de una forma totalmente automática e inconsciente; la persona deja que su pensamiento vague libremente. Esta forma de pensar funciona en base a los condicionamientos y aprendizajes acumulados, y no puede encontrar ni ofrecer ninguna visión ni solución nuevas – porque son patrones que surgen del pasado, se repiten aunque las situaciones sean nuevas -. Es una forma de pensar inconsciente porque la persona no está dirigiendo su pensamiento, no es consciente de dónde surgen las ideas ni de qué motivos hay detrás.

La segunda modalidad de pensamiento se basa en la consciencia e innovación. La persona, al tener voluntad de pensar, está atenta, de modo que no queda sometida al pensamiento automático. Cuando se piensa con voluntad de conocer y de pensar, uno descubre los motivos ocultos que muchas veces dirigen el pensamiento y el comportamiento. Entonces, uno se puede dar cuenta de que, muchas veces, su propio pensamiento está sometido a ese sufrimiento escondido y reprimido. Esto es importante, porque si la persona piensa sin voluntad – automática e inconscientemente-, este mismo pensamiento surgido del dolor, del autoengaño y del autoaislamiento deformará el acto mismo del pensar, conduciendo a unas percepciones deformadas y perpetuando los patrones.

El pensamiento consciente excluye soluciones y visiones antiguas, justamente porque está atento a lo que acontece aquí y ahora. Es un pensamiento creativo que ofrece nuevas visones y percepciones a la persona y hace que ésta expanda su campo de consciencia (“abrir la mente”).

Pero, ¿a qué nos referimos concretamente cuando decimos ‘sufrimiento humano’? A menudo se oyen expresiones tales como “la vida es dura”, “vivir es sufrir”, “hay que ganarse la vida”. Y es que parece que vivir sea sinónimo de luchar; una lucha constante que no conduce a ninguna parte. Pero la vida no es ni lucha, ni es sufrimiento… la vida ES. Todas las etiquetas no son más que ideas que añadimos nosotros. Esto es el sufrimiento humano: esa percepción de la vida como injusta, dura…

La vida transcurre, ocurre, y si uno se resiste, entonces la vida se convierte en una lucha y en una fuente de dolor psicológico.

Mediante la voluntad de pensar de la que hacíamos mención y mediante la consciencia, uno puede dejar de añadir más sufrimiento a su propia vida y a la de los demás. No querer pensar, no querer abordarse a sí mismo y a la propia vida conduce a la enajenación. Por miedo a pensar y a afrontar los propios miedos y la realidad, a veces optamos por no pensar y por permanecer alienados e hipnotizados… víctimas cautivas entre los propios muros de la ‘no consciencia’.

Y es que, aunque a veces no queramos decidir sobre la propia vida, igualmente lo hacemos desde la postura de la evitación y del autoengaño. Esas decisiones son las que más dañan a uno mismo.

No podemos decidir libremente si queremos o no pensar, pero sí cómo lo queremos hacer.

Artículo de Darina Nikolaeva Grigorova, Psicóloga y Terapeuta Transpersonal, en Espai del Despertar

Xavier Oñate Pujol

Psicólogo Gral. Sanitario. Especialista en Psicoterapia.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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